Hoy es uno de esos días en los que la reflexión inspira mi creatividad. O debería decir, ¿en los que la creatividad me incitan a reflexionar? No lo sé; supongo que las dos se alimentan una de la otra en un proceso sinérgico.
En esta ocasión, mi intención es escribir sobre vivir la vida. ¿Cómo se vive una vida de la manera correcta? ¿Hay una «manera correcta» de vivirla? Yo creo que no la hay. Y, a medida que avanzan los años, las experiencias nos enseñan lo que creemos correcto para vivir mejor. La dicotomía años-experiencia nos enseña a limitarnos porque nos moldeamos incoscientemente para encajar en una sociedad con sistemas ideológicos limitantes. Es decir, por medio de los sistemas, la sociedad aprende cómo vivir, y por lo tanto, incita a otros a alinearse a vivir de la misma manera. Por ejemplo, la psicología apoya la teoría de que durante nuestros años formativos, la sociedad de la que hablo nos enseña, entre otras cosas, qué pensar, cómo pensar, qué decir, cómo decir, qué hacer, cómo hacer, qué ser y cómo ser.
Lo anterior se refleja en el día a día. Mientras asistía a lo que en Knoxville se le conoce como el Primer viernes, en la calle, afuera de una sala de exhibiciones de arte y absolutamente de la nada, un hombre me dijo «diviértete en el infierno». Entendí por qué me lo dijo, pero mi reacción espontánea fue de reírme por lo que acababa de escuchar. Sin embargo, pienso: si puedo divertirme en el infierno y es un lugar donde no volveré a ver a ese hombre y aquellos como él, prefiero ir al infierno que al lugar al que ellos creen pertenecer después dejar de existir en esta vida. No digo «después de la muerte» porque yo creo que esas personas ya están muertas en vida por no permitirse ni vivir ni dejar vivir en paz. Y, bueno, esta es un anécdota de muchas en las que me han sometido a la violencia tan solo por no vivir bajo lo estándares ideológicos del mundo en el que vivo. Supongo que habemos personas más susceptibles que otras a esas incomodidades tan desagradables.
Desde esa perspectiva, me pregunto: ¿una vida se vive correctamente solo si nos limitamos? A esto le siguen otras preguntas. ¿Por qué no vivir siendo nuestro ser auténtico? ¿Por qué optamos por ponernos máscaras? ¿Es más fácil vivir con máscaras para evadir críticas incómodas? ¿Se pueden evitar las críticas a toda costa? En referencia a esta última, yo pienso que la respuesta es no. Esto es porque siempre habrá areas en las cuales la sociedad te recordará no estar bien – areas tales como el cuerpo, el actuar, el pensar, los hábitos, etc.
Por eso me recuerdo yo misma: vida solo hay una. Vive y siente. Experimenta y aprende con tu propio criterio. En el proceso te divertirás y te romperás. Si este último es el caso, recuerda que tanto la mente y el corazón como el espíritu y el cuerpo saben recomponerse – toman tiempo en repararse, sí, pero no una eternidad. Además, si hay algo positivo de los infortunios cuando ya son historia, es que –en retrospectiva– te permiten ver el avance de tu propio proceso en crecimiento.
Por lo tanto, vive, corre, canta, baila, camina, siente, cánsate, descansa, bebe, habla, grita, llora, ríe, equivócate, corrígete, escucha música, escúchate, conoce el silencio, conócete, busca tu centro, encuéntralo, céntrate y disfruta de tu compañía. Habla con la naturaleza, habla con tu mente, crea tu comunidad, habla con otros, haz preguntas, conoce gente y disfruta de su compañía. Genera rituales, costumbres y tradiciones. Genera cosas bonitas en ti. Genera cosas bonitas en otros. Deja tu esencia en el mundo. Porque vida solo hay una.
Replica a Alejandro Cancelar la respuesta