I. Sófulus

Un agudo rayo de luz que vislumbraba el oscuro foso es lo único que penetraba de aquel pequeño hoyo en el techo. Cinco altas estatuas con formas humanas erigidas en circulo señalaban el centro del foso donde se encontraba un chico de cuello encadenado y cuyo rostro era claramente iluminado por el destello. El joven ya estaba familiarizado tanto con el foso como con aquellas estatuas pero deseaba conocer más. Sus esperanzados ojos miraban el hueco por donde se disparaba el rayo de luz. Pensativo, el chico inquiría «¿qué hay más allá del orificio?»

–Sófulus

Un lejano eco se infiltró por la misma abertura del resplandor. El confundido chico miró atentamente el orificio con los ojos entrecerrados y aguzó el oído.

–Sófulus

El chico volvió a escuchar aquella lejana voz. Se puso en pie para escuchar tan cerca como la cadena le permitía. Esperando oír la voz una vez más, se percató de un ligero sonido rocoso que provenía del interior de aquel foso. Enfocó su vista entre la reinante oscuridad y buscó atentamente la fuente del sonido pero solo vio las firmes estatuas que lo señalaban.

–SÓFULUS, LIBERATE.

Resonó la ahora estentórea voz que estremeció al chico y, acto seguido, éste comprendió que la voz le hablaba a él. Súbitamente se reprodujo el sonido rocoso con más estruendo, como si respondiera a la impetuosa voz. Sófulus volvió a mirar a su alrededor con el corazón rápidamente palpitando. Se percató que una de las estatuas ya no lo señalaba. Ahora, la estatua había extendido los dos brazos con ambas manos agresivamente abiertas y dirigidas hacia el chico. Sófulus retrocedió con susto hasta donde la cadena le permitió.

–Las estatuas desean mantenerte encadenado. Libérate de la cadena.

Todo había estado siempre tan tranquilo que Sófulus no estaba comprendiendo que ocurría. «¿Puedo confiar en la voz?»

¡ZAS! El suelo se estremeció brevemente en el momento que la mano de la estatua detrás de Sófulus violentamente impactó contra el suelo cerca del chico que cayó. El impacto fue tan fuerte que el joven habría sido aplastado de haber estado justo debajo de la mano.

Sófulus comprendió claramente que la estatua intentaba alcanzarlo sin importar cualquier fatal consecuencia. En ese momento, él supo que la voz decía la verdad e intentaba ayudarlo. Con todo, se armó de valor, se puso en pie y planeó su escape.

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